Páginas vistas en total

domingo, junio 28, 2015

Inocente afición

En la inmensa belleza del valle de Villaverde, al oeste de Vizcaya y casi limítrofe con Cantabria, se encuentra un pequeño pero entrañable y cuidado pueblo de nombre Trucíos. Tras intensos trabajos de acondicionamiento por la mañana, su plaza de toros acogió hoy una novillada de Fuente Ymbro matadas sin picadores por Alfonso Cadaval y Carlos Llandres. Qué casualidad, un festejo organizado por la Comisión Taurina en el que pone los toros el gran amigo que, de vez en cuando, les da cobijo en Cádiz. El mundo es un pañuelo.

Presentación cuestionable: novillos bastos y chicos, especialmente primero y segundo. Los cuatro fueron escandalosamente afeitados hasta convertir las puntas en desagradables muñones. Atrás queda la verdad asociada a un traje de luces y al peligro mortal que dentro de él se corre; hoy, para nuestra desgracia, no sólo en festivales se mutila. Aunque no se quiere, se puede sacar gachos, bizcos o corniapretados en puntas, para mantener así la tan denostada integridad. Quizá, sólo quizá, la manipulación sea resultado del amiguismo entre presidente, ganadero, apoderados y demás organizadores. Quizá. Perder, pierde el de siempre, el mismo que paga inocentemente.

Alfonso Cadaval se enfrentó a un bronco abreplaza que esperó en banderillas y apuntó a manso. Lo fue. Tras brindar al público, quiso alargar la embestida del oponente mostrando buen concepto y ganas; tantas que, excesivamente apabullado y acelerado, no transmitió la tranquilidad y el desparpajo que el espectador necesita para apreciar la estética de un pase. Su segundo, tercero de la tarde, fue el mejor de la corrida y le superó: una desordenada lidia y las dudas del torero, que pecó de esperar con la muleta retrasada y de abrir huecos a troche y moche, enseñaron al oponente y su dulce nobleza con boyante movilidad se convirtió de pronto en guasa mirona del que no coge pero sabe el truco. Se pidió y concedió una oreja pero, pese a la insistencia del ganadero hacia su amigo y presidente Matías y a pesar del infantil pique del padre del joven, no se otorgó una desmerecida segunda. A espadas, dos esperados sainetes. La muleta ha de ir a la pezuña y la espada no tan tendida. Se dice fácil.

Superó a Cadaval una buena versión de Carlos Llandres, que sustituyó a un misteriosamente ausente Emilio Silvera. Transparencia. Fue su primero el preferido del ganadero, un novillo que tropezó varias veces durante la magnífica brega de Venturita y se agarró al piso. Mas cuando quedó a solas con el matador, la virtud de su fijeza creció exponencialmente para unirse a la nobleza y humillación. Llandres corrigió los deslucidos finales en dos encajados naturales propios de quien está tocado por la varita mágica. Dos orejas a la torería y la pureza de un recién mayor de edad. Cerró plaza un encastado reponedor que exigió sitio, mando y piernas, para superar a un joven sin rodaje ni oficio. Dos meritorias estocadas traseras ahorraron a sus dos novillos el sufrimiento con que la otra pareja tuvo que tragar.

Cuatro bastos y desmochados novillos de Fuente Ymbro, de interesante comportamiento: primero manso rebrincado, justo de recorrido; segundo noble humillador; tercero con guasa y cierto peligro; cuarto encastado reponedor.
Alfonso Cadaval (gris plomo y oro): Silencio y oreja.
Carlos Llandres (azul turquesa y oro): Dos orejas y oreja.

Se aplaudió a todos los toros en tarde soleada con tres cuartos de plaza.

jueves, junio 25, 2015

Manzanares impuso el criterio


No es fácil plasmar en el papel la emotividad de un festejo taurino que necesita ser contextualizado para ser comprendido. Y menos aún cuando quien escribe no se encuentra particularmente emocionado al contemplar la repercusión emocional de dicho festejo. Pero urge advertir, antes de analizar la última de la feria de Hogueras 2015, que hoy no fue un día cualquiera: en homenaje al recientemente fallecido José María Dols Abellán, de nombre artístico José Mari Manzanares, se unió en el cartel a sus hijos Manuel y José María, para cerrarlo con ese hijo adoptivo, esa persona que siempre estuvo cerca de él: Enrique Ponce. Un valenciano completando un cartel en Alicante, el feudo de los Manzanares, el epicentro de la tauromaquia de padre, hijo y -quién sabe- nieto.

Es comprensible que la corrida de hoy levantara tanta expectación. Con retraso causado por una muchedumbre agolpada sin restricción en el patio de cuadrillas comenzó el festejo, en un paseíllo amorfo -un caballo y dos de a pie- a cuyo final se agolparon en el ruedo periodistas y profesionales del mundo del toro para escuchar el himno de Alicante. La escena sólo puede ser comprendida desde la óptica de un público que rendía hoy un homenaje a su más admirado torero.

Pasaban veinte minutos de las siete cuando salió el horriblemente despuntado primero, de Fermín Bohórquez, procedencia Murube. En una salida a intenso galope que nadie interrumpió se desfondó, perdiendo las manos en repetidas ocasiones y pegándose dos feas costaladas. La actitud de Manuel Manzanares no sirvió para emocionar al público. Tres pinchazos y un descabello certero mandaron al toro al desolladero bajo leve pitada. Tampoco tuvo excesiva fuerza el cuarto, que nuevamente perdió fuelle tras una salida con pies y se vino abajo excesivamente pronto. Sirvió, no obstante, para que Manzanares le echara una actitud irreprochable y cortara, bajo influencia de un ambiente festivo y cariñoso, dos orejas que evitaron el regalo de un sobrero.

Las hechuras del segundo, de Núñez del Cuvillo, apuntaron a que embestiría, a pesar de su escasa presencia. Casi tanto como su fuerza. No hubo protesta en el primer tercio y la mansedumbre se hizo evidente a lo largo del segundo: tuvo querencia a tablas e hizo hilo en los tres pares. Comenzó la faena "de médico" de Enrique Ponce, que cuidó al burel con la mano a media altura y toreo rectilíneo, a favor del toro. La faena fue tan inteligente como larga e incomprensiblemente paciente: si un toro flojea no debe ser mantenido más de diez minutos en el ruedo, sino dado muerte tan rápido como el público advierta dicha flojera. Apretó el de Chiva en los últimos compases y logró cortar dos orejas a pesar del aviso. También sonó aviso en el quinto. El ejemplar, aun cuellicorto y lavado de cara, tuvo más presencia que los anteriores. La magnífica brega de Jocho y la lidia a medida de las exigencias del astado ayudaron a que se entregara en la muleta con entrega, movilidad y repetición. El temple de un Ponce excesivamente al hilo que abusó del pico le sirvió para emocionar al respetable y para recibir una calurosa ovación a la que siguió una vuelta al ruedo. La Puerta Grande, al fin y al cabo, ya estaba asegurada.

Fue el tercero un manso que tuvo su chispa hasta que cantó la gallina y huyó a las tablas. La correcta elección de terrenos de José María Manzanares retrasó la inevitable capitulación del oponente. No quería guerra. Y sin embargo, regaló embestidas con humillación que se encontraron con un torero inseguro y dubitativo que usó el viento como excusa. Cortó dos orejas gracias a unos circulares horribles que Alicante disfrutó. El cierraplaza, como el quinto, fue un toro bien hecho, más rematado y con más cuajo que los impresentables segundo y tercero. El buen puyazo de Barroso y las banderillas lucidas de Curro Javier y Luis Blázquez (que, de hecho, saludaron) predispusieron al público hacia un triunfo que implicaba la perfección del homenaje a José María Manzanares padre. Faena en los medios del hijo a un manso enclasado con nobleza y repetición. Periférico, al hilo y ventajista, el alicantino supo medir el temple y aprovechar las embestidas de un toro que parecía hecho a medida: su mansedumbre le hacía abrirse al llegar al embroque y su pitón izquierdo era ostensiblemente peor que el derecho (cualidad de la que Manzanares y su incapacidad para decir algo al natural sacaron provecho). Dos orejas más y alocada petición de rabo.

Hasta aquí el análisis objetivo. Pero es necesario, por los motivos ya expuestos, recordar que la corrida fue un homenaje a un gran torero que aún reside en la memoria de los aficionados, con más énfasis (si cabe) en la de los alicantinos. Hoy, objetividad aparte, Manzanares padre y las emociones que su muerte suscitaron marcaron el criterio.

Alicante, a 24 de Junio de 2015. Casi lleno. Dos toros de Fermín Bohórquez: primero justo de presentación; cuarto cerrado de pitones y cómodo por delante; y cuatro toros de Núñez del Cuvillo: segundo muy bajo; tercero impresentable por cerrado de sienes, lavado de cara y gacho; quinto más serio, cuellicorto; sexto bien hecho, bajo y de hechuras aceptables:

Manuel Manzanares: Ovación y dos orejas.

Enrique Ponce: Dos orejas tras aviso y ovación tras aviso.

José María Manzanares: Dos orejas y dos orejas.

miércoles, junio 24, 2015

Un bombero y poco arte

Son tan célebres como repugnantes las declaraciones de Daniel Ruiz que todos los aficionados conocen: "el encaste minoritario es minoritario porque no embiste". Han pasado años desde que las pronunciara, pero la afición aún las recuerda como el paradigma del torerismo más extremo y de su condición de exterminador de todo lo que no se acerca a su concepto de toro. Es evidente que un criador de bravo hace flaco favor a la fiesta pronunciándose así sobre la mayoría (porque son mayoría) de ganaderías que existen, pero es justo decir que, aunque las declaraciones son muy desafortunadas, implican un hecho que a menudo se cumple: el encaste mayoritario, ese encaste Domecq del cual proviene Daniel Ruiz a menudo embiste acercándose al estereotipo de toro colaborador y amable que busca. Gustará más o menos ese tipo de toro (en mi caso, de hecho, lo repudio), pero la frecuencia con la que ganaderos como él encuentran las características que buscan en los ejemplares que lidian es digna de admiración.

Y, de hecho, así ocurrió hoy. En Alicante, Daniel Ruiz, echó una corrida muy justa de trapío para una plaza de segunda, pero adecuada para una ciudad en la que el toro se la trae, dicho claramente, al fresco. Los alicantinos no protestaron por la presentación indigna de una plaza que, según el Real Decreto, se enmarca dentro del segundo nivel posible, demostrando así su indiferencia ante el trapío del ganado. En Alicante, como en casi toda la Comunidad Valenciana, los toros más serios se echan a las calles, y así se ven pitones tan descaradamente afeitados que sustituyen bolas por puntas, hechuras feas y bureles cuesta arriba, como lo fueron hoy segundo, tercero y sexto respectivamente.

Con el tendido casi lleno sonaron los clarines y timbales a las siete de la tarde. A las siete en punto de la tarde. Morante, rezumando el olor del puro que fumó en el patio de cuadrillas, se dispuso a torear a un inválido escaso de fuerza. Tan escaso que, tras brevísimo trasteo, el de la Puebla decidió darle muerte ante las protestas de un tendido que, curiosamente, no había pedido la devolución (que se antojaba necesaria) durante el tercio de varas. Se confesó el matador sin ganas cuando le presentaron el micrófono de Canal Plus, así que hizo todo cuanto pudo para revertir la situación ante el cuarto. En pleno descanso de la merienda tomó la manguera para, bajo inexplicable júbilo de un tendido fiestero y de un público que busca arte donde nunca lo habrá, regar el empolvado piso. Recibió a su segundo con variedad pero escaso temple (¿dónde quedó el Morante que se centra en la verónica, suerte suprema capotera?), y se esmeró para gustarse aun cuando el astado se paró y el viento incomodó. Dos derechazos y un natural a pies juntos. Lo demás, vacío. Quédense, si lo prefieren, con el temple del regado, el gusto al tomar la manguera y la manera de cargar la suerte a la hora de utilizarla. Si es que ustedes vieron eso.

El lote de la tarde se lo llevó El Juli. A punto estuvo el afeitado segundo de llevárselo por delante en el primer pase de la faena, pero pensó que su pitón era más largo de lo que en realidad alcanzaba (producto de la manipulación) y se quedó sin prenderlo. Comenzó a entregarse y tomar los vuelos de la muleta por abajo. Cuanto más por abajo, mejor. Pero la mansedumbre acabó por imponerse y, ante un mentiroso y ventajista Juli, se vino a menos. Arrimones y espantosa impureza al matar valieron una oreja en el Mediterráneo. Cuando el aleonado quinto apretó en banderillas ante el lucimiento de un José María Soler que aprovechó para saludar, rondó Alicante un desagradable olor a indulto, mas dos tandas boyantes y alegres sirvieron para desfondarlo y convertirlo en una "babosa" con nula fiereza. El populismo del torero en lopecinas y nuevos arrimones valieron otra oreja. Y como uno más uno son dos, Puerta Grande al destoreo. ¿Cuántas van ya, Julián?

Bailó con la fea Alejandro Talavante. Con la fea físicamente, porque su lote fue el de peores hechuras, y también en términos de comportamiento. Su primero, el tercero de la tarde, fue un manso noblón con movilidad que careció de casta y de la transmisión que a ésta se asocia. Aunque por el pitón izquierdo quería desplazarse, las broncas embestidas por el derecho deslucieron la torería y la frescura de un improvisador Talavante. En el Este de España, una vez más, esa actuación valió una oreja. De hecho, también la faena al manso que hizo sexto mereció premio en Alicante. Hubo en este toro más aspectos a destacar que en el tercero: el saludo de Juan José Trujillo tras sentidas banderillas, el brindis al público y la predesiana genuflexa. La visible superioridad del extremeño y la contundente estocada le otorgaron la posibilidad de, como ya se ha dicho, llevarse otra 'peluda' y abrir la Puerta Grande. La, dicho sea de paso, rápida y superflua Puerta Grande.

 
 
Alicante, 23 de Junio de 2015. Casi lleno en tarde nublada. Seis toros de Daniel Ruiz: primero acapachado y muy afeitado; segundo muy bajo de agujas y de escasa presencia; tercero aleonado; cuarto serio y de trapío adecuado; quinto agradable de cara, lavado y sexto cuesta arriba y afeitado:
Morante de la Puebla (negro y azabache, en honor al fallecido José María Manzanares): División y ovación con saludos.

Julián López "El Juli" (nazareno y oro): Oreja y oreja.

Alejandro Talavante (azul marino y oro): Oreja y oreja.

martes, junio 23, 2015

Dinero (II)

Visto queda que el dinero, deificado por propios y extraños como esencia del sistema que nos rige, adulado incluso por quienes reniegan de este sistema y confiesan querer abolirlo, irrumpe en tantas disciplinas como existen. Irrumpe para derrumbar los derechos y las libertades, como el derecho a ser informado fiablemente y la libertad de hacerlo. Retiene a periodistas y limita a aficionados, que sólo se pueden fiar de sus propias opiniones. Con la llegada del dinero a la prensa taurina desaparece la certidumbre de los hechos para convertirse en probabilidad rodeada de tergiversación.

Como ya adelantamos en la primera entrega, el dinero zarandea también los valores propios de una persona, así como el sistema moral y ético con que juzgamos hoy, que tiene su origen en la oscura influencia del rancio catolicismo medieval -aunque, a decir verdad, sigue siendo rancio-. Los valores a los que me refiero son los de nuestros queridísimos antitaurinos, el ejemplo de la sociedad, el lucero de los imbéciles que disfrutamos con la barbarie y que no saldremos del agujero salvo que nos dejemos guiar por estos adalides de la libertad y el progreso. A los antis, ya que hablamos (y ahora sin ironía de por medio) de imbéciles, se la trae al pairo la moral, el respeto por los animales, la abolición de la tauromaquia y esos aires de veganos respetuosos con el medioambiente que llevan. Cuando huele a billetes de cien euros se les cambia la cara y olvidan su propio objetivo para cambiarlo rápidamente por ganar, ganar y ganar en una ascensión ilimitada de la ambición humana propia de nuestra sociedad del siglo XXI.

Son muchos los escándalos que el equipo de "La economía del toro", con Diego de la Cruz a la cabeza, ha desvelado acerca de los líderes del partido animalista, el PACMA. En efecto, los cabecillas de esta conjunción de cabras locas sin ideología han llegado a renunciar a sus principios por dinero. Ya saben, "estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". Entre esos hipócritas de los que hablamos cabe mencionar a Virginia Iniesta, que experimentaba con perros a los que incluso sacrificaban por las mañanas al tiempo que aspiraba al parlamento europeo con su partido por las tardes; a Manuel Macià, que llegó a ser presidente mientras cobraba subvenciones por sacrificar vacas y cuyo rastro ha sido totalmente eliminado en la página web del partido; o simplemente a la organización en general, que es financiada en gran parte por Holanda, a buen seguro por algo a cambio, ya que es altamente improbable que cuatro holandeses inviertan desinteresadamente en la abolición de un espectáculo que difícilmente conozcan y que de ningún modo les afecta. Claro que, si venimos con esas, tampoco los antitaurinos españoles saben de qué va la fiesta. Auto-culpable incapacidad en términos kantianos. Pura ignorancia, para entendernos.

El dinero, al fin, pervierte el sistema taurino tanto como el orden mundial. Una perversión basada en medios tergiversadores, pseudo-aficionados con fines únicamente económicos, espectadores escasamente interesados en información veraz y opositores corruptos y traicioneros (ya que traicionan sus propios valores). Pero es evidente que no es algo fácilmente soluble, así que la única salida posible es aprender a convivir con él y con los problemas que ello conlleva. Sólo debemos recordar que, cuando esas pegas se tornan en la pérdida de la esencia del espectáculo, su futuro se oscurece paulatinamente hasta desvanecerse. Empresarios, portales, aficionados y espectadores: anden con ojo, porque su derrota significaría la pérdida de un espectáculo con un pasado inabarcable que no merece ser olvidado por culpa de unos ignorantes sin cabeza.

viernes, junio 19, 2015

Dinero (I)

Es curioso el proceso que nos ha llevado a deificar el dinero en esta nuestra sociedad. El símbolo del dólar representa para la civilización poco menos que un dios, algo así como la idea fetiche por la que esfuerzos y sacrificios merecen la pena. Y claro, al igual que para un creyente Dios está por encima de todas las cosas -en ocasiones incluso por encima del cónyuge, de los padres o de los hijos-, para el hombre del siglo XXI el dinero representa lo máximo que se puede alcanzar. Pasa por encima de ideales, valores o sentimientos. Así que si el dinero prima sobre sentimientos, qué les voy a contar de libertades o derechos. De eso cada día sabemos menos.

Hace tiempo que empecé a desarrollar una opinión que cada día asiento más firmemente: la tauromaquia es una metáfora a pequeña escala del mundo real. Ya saben, empresarios que mandan por encima de las leyes, a los que no les importa lo que piense la gente -o el aficionado-, prensa que informa -o desinforma- en base a intereses económicos evidentes, y todo eso. El pan de nuestro cada día. Hay un aspecto en el que tenemos ventaja; en líneas generales, y sin entrar mucho en materia, el aficionado taurino se indigna ante la desvergüenza de empresarios prevaricadores, toreros manipuladores, ganaderos intolerantes, aficionaduchos sectarios y demás imbéciles que uno se encuentra a poco que acuda a dos tertulias, una corrida y un día de campo. El ciudadano medio, en materia política, es más bien pasivo. Incluso el ciudadano que en su afición taurófila tiene espíritu revolucionario y antisistema se pervierte en sociedad para tomar un aire reaccionario digno de estudio. Pero eso es otro tema.

Como las libertades quedan subyugadas al dinero, la libertad de prensa, la de expresión o la de pensamiento quedan reducidas a escombros, también en el ámbito de la tauromaquia. Cuando un aficionado o un espectador suficientemente avispado entra en un portal taurino, puede comprobar sorprendido la sórdida manipulación que llevan a cabo de todo cuanto informan. Los silencios se convierten en aplausos, los aplausos en ovaciones y los afanosos indultos que conceden, pañuelos al aire, borrachos y fiesteros, se pintan como éxitos de la tauromaquia, del ganadero y, aún peor, del torero. Los portales más leídos consiguen así mantener al espectador medio, empeñado en leer esas webs y sólo esas webs, en una galaxia paralela en la que sol, copas y un tío moviendo un trapo son sinónimos de fiesta y desfase. El lector cierra Internet feliz por saberse informado, ignorando que sólo ha conseguido empaparse de manipulaciones irreales que rozan lo ficticio. Ese pobre hombre, terco y cerril como sólo los españoles sabemos ser, está paladeando la ilusa felicidad del ignorante. Se cree libremente informado y sabio en materia taurina. Los portales han convertido a ese hombre en una parte insignificante de un rebaño, una masa homogénea y estandarizada. Han conseguido ser algo así como la máquina que se introduce en el inconsciente de los ciudadanos en Un mundo feliz, de Aldous Huxley, hablándoles mientras duermen. Han desinformado a traición y de manera deliberada. Y lo más grave es que lo han hecho al amparo de los toreros, que son, al fin y al cabo, los principales beneficiados de la manipulación de datos, y los primeros que pagan a portales a cambio de anunciar carteles suyos, sabiéndose así los amos del cotarro, porque en su mano está retirar ese anuncio, dejar de pagar y mandar a periodistas al paro. Los periodistas se ven abocados a una elección entre comer y ser precisos, donde la elección es evidente: yo también preferiría pan para mi hijo sobre información para un señor de Teruel.

Es fácil entender por qué los toreros eligen los portales para manipular. "La palabra es un arma cargada de futuro", decía Blas de Otero. Quien controla los medios controla a la gente. Ya se sabe que una democracia es muy pobre si lo es el periodismo que en ella se desarrolla, y eso es exactamente lo que ocurre tanto en el mundo real como en el taurino. El mundo de los toros no aparenta ser una democracia porque no otorga ningún papel al que se rasca el bolsillo, que es el equivalente del ciudadano; ni siquiera quiere asemejarse al despotismo ilustrado que se resume en "todo para el pueblo pero sin el pueblo", porque el pueblo le da igual. Los déspotas taurómacas, que no son más que los mandamases de los despachos, son los dictadores de la tauromaquia. Y el aficionado, precisamente por serlo, está sujeto a una afición que intenta mantener, inconsciente de que mantenerla es también alimentar a quienes desearía expulsar.

El dinero no sólo pasa por encima de la libertad de prensa, sino también, como ya se ha dicho, de los valores. Y de eso precisamente hablaremos en la próxima entrega.

viernes, junio 12, 2015

La tauromaquia peligra

La tauromaquia peligra. Recientemente hemos conocido el caso de A Coruña o Palma de Mallorca, donde existe un sector interesado en que sean proclamadas ciudades antitaurinas. Los aficionados aún recordamos la prohibición de los toros en Barcelona, sobre la que tendrá que pronunciarse pronto el Tribunal Constitucional. Cabría recordar al respecto que en la democracia tan pobre que tenemos los miembros de este tribunal los nombra el partido que gobierna, así que urge una resolución antes de que Podemos, PSOE o cualquier fuerza de izquierda llegue al poder. Esta semana hemos conocido que el partido socialista de Huesca está dispuesto a pactar con la marca blanca de Podemos, Cambiar Huesca, aceptando para ello una reducción paulatina de los festejos taurinos. En Tudela el caso es parecido: Tudela Puede, PSOE y algún partido más de signo izquierdista pretenden pactar para lograr la alcaldía, dispuestos a arremeter contra nosotros los taurinos. En Valencia, tamaña es la obsesión que el futuro alcalde se inventó el fin de las subvenciones al llegar a la alcaldía, ignorando que tales subvenciones no existen. También Ciudad Real, con el pacto entre PSOE y Ganemos, está entre la espada y la pared.

Ante este evidente peligro, me pregunto por qué las fuerzas de izquierda abogan por la prohibición de la tauromaquia. Resulta llamativo ver a los miembros de Podemos rehuyendo preguntas en debates políticos argumentando que su verdadero interés es la calidad de vida del pueblo y derrocar a la casta, al tiempo que el partido no duda en afirmar tajantemente en cada programa que redacta que está en contra de las corridas de toros, novilladas, rejones y lo que se tercie. La destrucción sistemática de la amplia cultura taurina recuerda a regímenes de otro tiempo que podríamos identificar con ambos lados del panorama político. Se trata de una prohibición despótica que atenta contra la libertad básica de acudir a aquellos festejos que cada cual quiera. Es la prueba del escaso aprecio por la cultura y la falta de altura de miras de la izquierda española que, no obstante, también se muestra en la derecha, porque son éstas características muy españolas. Los prejuicios, con esa superficialidad y banalidad que los rodea, conforman el sustento de la ignorancia. Y, como todos sabemos, la ignorancia es atrevida.

El peligro, por tanto, es real, y la reacción al mismo es de momento inexistente. Mientras que los aficionados más sectarios hablan de partidos comunistas o marxista-leninistas, aprovechando para reprochar a quienes han votado a esos partidos que traerán la pobreza a Españazuela -¿más pobreza?-, los profesionales no se unen, no pelean por su derecho constitucional a trabajar y se mantienen más preocupados por disputas internas propias de un sistema corrupto como el taurómaca. Decía Erice hace unos días que no se ha puesto en contacto con Ahora Madrid para preguntar por el futuro de Las Ventas. Pues despierte ya, amigo, deje de vacilar y acuda raudo a una reunión lo más temprana posible para aclarar que cualquier prohibición tendrá consecuencias sociales y jurídicas. Tampoco los famosos que se autodenominan taurinos se involucran en la defensa de un espectáculo en vertiginoso declive. Muchos de ellos han sido contactados por el medio en el que escribo y han evitado cualquier tipo de entrevista o "confesión", probablemente amedrentados por las constantes amenazas de los siempre irrespetuosos antitaurinos.

Buenos días, señores. Debemos despertar. La tauromaquia peligra.

martes, junio 09, 2015

La Semana Grande del aficionado

NOTAS: Los carteles que se exponen a continuación son FICTICIOS

                Han sido elaborados con la inestimable ayuda de Diego de la Rica.

Ante la inminente presentación de los carteles de las Corridas Generales 2015, que se celebrarán, como siempre, coincidiendo con la Semana Grande bilbaína, es un ejercicio interesante ponerse en la piel de los encargados de las combinaciones de toreros y ganaderías. En el caso de Bilbao, hablamos de personas como Javier Aresti o Juan Manuel Delgado, miembros de la Junta Administrativa.

Para elaborarlos, he tomado como necesarias determinadas condiciones con las que no estaba necesariamente de acuerdo, a saber: los dobletes de El Juli y de Perera, las ganaderías que ya fueron reveladas hace unos meses, la imposibilidad de dar dos tardes a toreros que las merecerían pero que van a ser privados de ellas (Diego Urdiales o José Garrido) y el retorno de Alejandro Talavante, con sus éxitos recientes en plazas importantes, así como el de Sebastián Castella, que cortó dos orejas con mucho peso a un Alcurrucén en la pasada Feria de San Isidro.

Hay, al mismo tiempo, parámetros a los que no me he ajustado por considerarlos excesivamente injustos. Por ejemplo, han quedado fuera de mis carteles El Cid, que habría entrado de ser exitosa su encerrona en San Isidro, Luis Bolívar y Juan José Padilla, al considerar que su manifiesta incompetencia no lo hace merecedor de matar dos toros en Bilbao y quitar así oportunidades a quien se las ha ganado en el ruedo y no en despachos o tertulias radiofónicas.

 Con todo, se han conseguido carteles realistas -podrían ser los oficiales si quienes los confeccionan no fueran tan incompetentes y vendidos- y completos, rematados. Se ha incluido al mejor rejoneador actual, Pablo Hermoso de Mendoza, a los triunfadores de la temporada venteña (López Simón, Alejandro Talavante, Sebastián Castella, Eugenio de Mora, Morenito de Aranda, Jiménez Fortes, Miguel Abellán, Juan del Álamo, Rafaelillo), a las principales figuras del toreo (El Juli, Morante, Perera), a toreros con gusto y torería (Diego Urdiales), a quienes injustamente cuentan con pocos carteles (Juan Mora) y a matadores que siempre deben estar en Bilbao, véase Enrique Ponce -ya se sabe que el Botxo es muy 'poncista'- o Iván Fandiño.

A pesar de todo, es probable que el cartel de mayor dificultad haya sido el correspondiente a la única novillada que se celebrará, por haber en la actualidad un panorama novilleril tan ilusionante y repleto de conceptos variados, valor y actitud. Roca Rey, Posada de Maravillas, Francisco José Espada, Gonzalo Caballero o Álvaro Lorenzo son algunos de los nombres que podían ser incluidos con la aprobación de un sector mayoritario de la afición.

Estos son, pues, los carteles FICTICIOS elegidos para las Corridas Generales 2015:

 Sábado 22. Toros de Herederos Sánchez y Sánchez para Pablo Hermoso de Mendoza, Andy Cartagena y Leonardo Hernández.

Domingo 23. Novillos de El Parralejo para Roca Rey, Francisco José Espada y Álvaro Lorenzo.

Lunes 24. Toros de Antonio Bañuelos para Manuel Escribano, López Simón y José Garrido.

Martes 25. Toros de Puerto de San Lorenzo para Iván Fandiño, Daniel Luque y Juan del Álamo.

Miércoles 26. Toros de Juan Pedro Domecq para Miguel Abellán, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante.

Jueves 27. Toros de Alcurrucén para Enrique Ponce, Sebastián Castella y Jiménez Fortes.

Viernes 28. Toros de Garcigrande para Eugenio de Mora, El Juli y Miguel Ángel Perera.

Sábado 29. Toros de Jandilla para Juan Mora, Morante de la Puebla y Morenito de Aranda.

Domingo 30. Toros de Victorino Martín para Rafaelillo, Antonio Ferrera y Diego Urdiales.

domingo, junio 07, 2015

Rafaelazo

Imagen: Cultoro
Su apodo es de un pueblerino cualquiera y su estatura es más bien corta, pero de todos es sabido que las primeras impresiones engañan. Engañan también con un buen hombre que nació en Murcia hace 36 años. Su madre lo bautizó como Rafael, pero el joven, decidido a matar toros, se inventó un sobrenombre más torero: Rafaelillo. Y él sólo levantó un fiasco mayúsculo de Miura tal día como hoy, a 7 de Junio de 2015. Hasta la última tarde de San Isidro hubo que esperar para ver la faena más meritoria. La faena con más arrojo, quietud, torería y firmeza de la feria, con la que el David murciano venció a Goliat hecho toro. El faenón de Rafaelazo. Del gran Rafael. No apuntó nada el cuarto cuando salió al ruedo, o al menos nada que le hiciera destacar sobre los tres hermanos que le habían precedido y que habían dejado dormido al respetable madrileño. Feo, alto de agujas, ensillado, ligeramente agalgado, recibió dos señores puyazos que parecieron su sentencia de muerte. Rafaelazo brindó la muerte de Injuriado al público, quizá para despertarlo de la siesta, quizá para avisar de lo que se venía encima. Lo recibió con derechazos y lo fue encelando. Dándole la distancia que luego iría recortando, lo metió en la muleta y tiró de él, sin recibir entrega alguna del oponente, que se movió con la cara a media altura y a paso suave, sin apenas transmisión. Hubo naturales encajados de alto nivel y refinado gusto. Hubo incluso un amago de cornada, que contribuyó a mostrar la indefensión a la que se expone un torero y a alinear con el mismo a los espectadores que aún fueran hostiles. Cuanta más tragedia, más arte, decía Valle-Inclán. Hoy hubo miedo, un sucedáneo de la tragedia, y mucho arte. Y también hubo emoción, la del torero que tiró la Puerta Grande con dos pinchazos, la del héroe que se supo ganador de una batalla por la que no recibió premio.

No puso nada el manso e inválido abreplaza. La escasez de fuerza durante el primer tercio fue evidente y la indignación del público se mostró mediante ostensibles protestas, pero el presidente, Julio Martínez, pésimo aficionado con un aire altivo y muy poca vergüenza, mantuvo en el ruedo al burel que, como era lógico, se vino abajo de buenas a primeras.

De Javier Castaño poco más que su incapacidad. En el tercero sus errores fueron muy variados y recurrentes: debió bajar la mano y no lo hizo, debió dar sitio y se echó encima, debió dar toques suaves y las llamadas fueron violentas, debió alternar pitones y no supo verlo. Del temple ni hablamos. Juzgar al segundo cuando le hicieron todo tan a la contra sería ventajista e injusto para el toro. El quinto de la tarde, excesivamente picado, se dejó por desfondado, aunque su condición apuntó a toro cabrón que esperaba tras la mata. Tras la mata estuvo, de hecho, durante el tercio de banderillas, cuando, aculado en las tablas, esperó lo indecible a los subalternos, propinando una cornada a Marco Galán en los testículos al poner el primer par.

El escándalo de Serafín Marín, su desvergüenza para ordenar a los picadores que cierren la salida y aprieten bien la puya y su incompetencia con los trastos llevaron a que Madrid lo despidiera bajo bronca. Bajo comprensible y muy torera bronca. Un tal Romualdo, asesino de machete montado a caballo, desfondó a un tercero que, para más inri, no anduvo quieto en toda la lidia. A la faena de muleta llegó prácticamente muerto. El cierraplaza fue un noblón con mucho recorrido que Serafín dejó ir sin pegar un pase, a pesar del vulgar tercio en que Juan Bernal, cómodamente subido a su caballo, había rematado la intrínsecamente escasa fuerza de Arenoso, último de toro de la feria. Burel de una o dos orejas, si lo coge nuestro amigo Rafa. Su único defecto fue la humillación lógica de un toro alto con poco cuello, es decir, mal hecho.
Imagen: Cultoro

La miurada que cerró San Isidro y la semana torista defraudó por la pérdida de su esencia. No vimos toros duros de patas que exigieran esa lidia a la antigua, no vimos pelajes colorados característicos del legendario hierro; vimos, en cambio, varios inválidos, dos con buena condición y dos cabrones que combinaron mala fe y poca fuerza. Pero, al fin y al cabo, vimos a Rafaelazo. Al mejor torero de la feria de San Isidro.

viernes, junio 05, 2015

Acomplejados

El planteamiento era atrevido; los riesgos, grandes y quién sabe si inasumibles. Pero en cualquier caso, y aunque lo fueran, Manuel Jesús, todo un torero nacido en Salteras y quizá en los últimos coletazos de su carrera profesional, descolgó el teléfono y se puso en contacto con los empresarios del coso madrileño de Las Ventas. En San Isidro podría ser, le dijeron. Cumpliré así un sueño, afirmó él, esbozando una mueca de felicidad y responsabilidad. Y hasta hoy. Todo fue bien hasta hoy. La encerrona de El Cid con seis toros de Victorino estuvo por debajo de lo que ambos habrían deseado.

Qué bonito y qué sabio Madrid cuando, tras acelerado pero sentido paseíllo, rindió una larga ovación al héroe que se disponía a matar seis bestias. Calurosa ovación, pero calurosa de verdad, sin lugarcomunismo alguno. Salió el primero, de escaso trapío, escurrido de carnes. La salida fue fría, muy fría, como la de todos sus hermanos. Se sabía el truco el burel, miraba a ambos torero y muleta, pero siempre se decantaba por la segunda. Noble, sin malas intenciones, también sin casta ni entrega. Permitió al Cid soltarse, pero mucho no se soltó, porque ya desde el hotel llegaba relajado, responsabilizado pero al mismo tiempo inteligente. Cabeza fría. En entender a un Victorino se basa el éxito con él, y un experto en el encaste de su talla le dio los tiempos necesarios a toda la corrida, y exigió que los diera la cuadrilla durante los segundos tercios. Ante este primero, un natural, uno que queda en el recuerdo próximo, pero que pronto se borrará bajo las sombras del fiasco general.

Segundo y tercero fueron toros muy parados que no transmitieron y ante los que nada pudo hacer el matador. El punto de inflexión era evidente: todo podía empeorar o mejorar, pero no quedaría así hasta el final de la corrida, y menos en Madrid. Cuando el cuarto, picado horriblemente con dos feas cariocas, sembró el pánico en las banderillas de un dudoso Alcalareño y un valiente Pirri, la tarde se vino abajo. Cornada en la axila para el segundo y cambio de tercio con tres banderillas. El público, como es lógico, se echó encima del presidente, que se saltó el reglamento "a la torera" (aunque, a decir verdad, lo que hizo fue muy poco torero) para evitar mayor tragedia, olvidando que quienes matan a los toros y quienes acuden a ver el ritual están dispuestos a verla. El esperpéntico segundo tercio y una fuerte discusión en lo alto del tendido tres distrajeron al respetable de una faena de muleta muy breve y apañada. Como breve fue la lidia y muerte del quinto, un manso que se adueñó del ruedo con la amenaza de las avivadoras, y también la del sexto, banderilleado de manera muy resuelta tras voltereta sin mayores consecuencias para Pascual Mellinas.

Las conclusiones eran obvias: corrida mala de Victorino y nulas opciones para El Cid. Si buscamos culpables, como se antoja evidente, el ganadero es el principal responsable. Ni sus toros parecieron cabeza de camada, que es, teóricamente, lo que se debe reservar para una corrida con tamaña repercusión, ni se comportaron como los 'victorinos' de antaño, esos humilladores, listos y con esa mezcla de entrega y casta que los convertía en máquinas de embestir. No tuvo El Cid culpa alguna, pero para él fue la bronca. Qué feo y que ignorante Madrid. Bulla de impresentables resentidos que se sienten superiores si pitan, que no son los de siempre, no, ésos pitan con motivo; los de hoy fueron los acomplejados de la sombra que piensan que sabe más quien más protesta, que se sienten por debajo del aficionado cascarrabias que a todo le saca punta y tratan afanosamente de igualarle. Un pensamiento ilógico propio de quien carece de altura de miras. Los de hoy fueron los pitos del complejo.

miércoles, junio 03, 2015

Torerismo de cartón piedra

"Torismo de cartón piedra" tituló Marco Antonio Hierro la crónica en que narraba el estrepitoso petardo de Cuadri, que a su vez vino precedido por un fiasco mayúsculo de la madrileña Baltasar Ibán. Resulta, amigo Marco, o Antonio, como tú prefieras, que ese titular y esa crónica con aire justiciero, más propio de duelista dieciochesco que de aficionado taurino, nos hace daño a todos por igual, y te incluyo a ti, que tan por encima del torismo quisiste pasar. No todo el monte es orégano, así que el desastre ganadero del otro "bando" no se ha hecho esperar. Tanto que hoy, en el cartel aparentemente más propicio para abrir el portón de la calle Alcalá, el varapalo de los pupilos de Victoriano del Río, gran criador y ganadero, fue grotesco. De proporciones bíblicas. Tostón de corrida, y así nos entendemos todos, nula de todo.

De todos es sabido que las primeras impresiones quedan en la mente hasta que las segundas vienen a sustituirlas. Pero, en ocasiones, cuando un toro -al igual que una persona- no entra por los ojos, si su comportamiento tampoco es destacable, esa ligera mueca de desaprobación que al aficionado despierta un toro mal presentado se convierte en acumulativa y el defecto del burel no sólo es no embestir sino también ser feo. Y fea, desigual y exagerada fue la corrida de Victoriano que refrendó las malas sensaciones de la presentación con comportamiento apagado y muy alejado de la idiosincrasia de la ganadería. El primero y el segundo, sueltos de carnes, se taparon por la cara; el tercero, de cornamenta playera, fue alto de agujas y cuellicorto; el quinto, por su parte, alto y muy mal hecho. Tan sólo cuarto y sexto, dos toros armónicos y cómodos para el torero -en especial el primero de los dos-, se salvaron de la quema.
Natural antiestético de El Juli (imagen: Burladero)

Ante escasa materia prima naufragó El Juli en tarde de mano a mano descafeinado. Ese fue su mérito: conseguir estar peor que dos toros malos y por debajo con un toro bueno. La primera figura del toreo. Fue el abreplaza un toro alegre, boyante, encastado aunque manso como toda la corrida, que se repuchó en el segundo puyazo pero se vino arriba en banderillas, para comerse los flecos de la muleta pidiéndola por abajo. Por el pitón derecho venía vencido, pero el izquierdo, el del toreo al natural, fue para bajar la mano, templar, poder, suavizar. Se echó encima Julián en su versión de deportista: talentoso, capaz, esforzado y logrado, pero carente de todo gusto y torería. Sus naturales periféricos y hacia fuera, es decir, su toreo rectilíneo y despegado, no llegaron al tendido, que cantó "olés" como bostezos. Parecía la del madrileño una faena que debía coger vuelo, pero nunca lo hizo. El tercero fue un geniudo algo desfondado, que se vino a menos tras tres tandas poderosas del Juli, que le bajó la mano y le apretó hacia dentro, para obligarle a doblar las costillas y sentirse podido. Sólo cuando el toro se hubo venido abajo, ayudado por el matador pero incluyéndolo en su condición de manso que rehuyó toda pelea, le pudo Julián, que le sacó muletazos largos como una anaconda pero vacíos de mensaje y sentimiento como un programa de Sálvame. Se equivocó también el torero manteniendo en vida al quinto, que se paseó a la defensiva, muy reservón y sin empuje alguno.

Miguel Ángel Perera no está echando su mejor temporada. Tamaña transformación desde el año pasado hasta aquí resulta cuanto menos sorprendente y chocante. Cuando nos avezábamos al poder de su muleta, a sus muletazos profundos y a su valerosa seguridad, el extremeño parece haber dado un pequeño paso atrás. No obstante, es justo explicar por delante que sus oponentes hoy fueron birrias indignas de Madrid. Así, el segundo cantó la gallina según el matador se dobló con él, el cuarto duró una tanda antes de acusar la fuerte querencia a chiqueros y el sexto bis, un Montalvo que vino a sustituir a un inválido Victoriano, tocado de pitones pero hecho cuesta arriba, careció de fuerza, casta y entrega. De bravura ni hablamos.

En nuestra época de tercio de muleta, estas cosas pasan. Los toros son seleccionados para dar el máximo espectáculo en el último tercio, descuidando para ello el eterno tercio de varas y el vistoso tercio de banderillas. Varilargueros que hacen mal su trabajo y toreros de a pie a los que trae sin cuidado la colocación de las avivadoras nos roban dos tercios de la entrada. Vamos demasiado lejos, porque descuidar la pelea en el peto puede implicar descuidar la bravura de un toro, con el riesgo que ello conlleva: el peligro de que la ganadería puntera del escalafón actual eche doce mansos al ruedo de la principal plaza del mundo en menos de una semana. Ese peligro que acecha, escondido tras la mata.